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miércoles, 4 de febrero de 2009

Nosotros y nuestras malas costumbres: Un simple tirón de orejas


Por Ángela Mabel González Candia
gonzalezcandia@hotmail.com

Columnista
Para ChacoMundo
Comentarios: (04)

Sin dudas que el ser humano, con sus múltiples modos y formas de comunicación, fue evolucionando con el correr de los tiempos. Se fue enriqueciendo cada ves más y más. Actualmente contamos con una gran variedad de modos de comunicación que le son propias a cada individuo. Tanto es así, que incluso podemos intuir a qué grupo etario pertenece, por los medios que elige para comunicarse o por la forma de hablar o escribir. En el mismo sentido, también podemos presumir en qué grupo social se desenvuelve.
Pero hay una forma de comunicación que es común a todos los grupos sociales y etarios, ya que se encuentra en las sociedades de alta alcurnia como en las villas; en los barrios privados como en los asentamientos, y que sobrevivió a través de los tiempos. Es la modalidad del “rumor”.


Muchos estudiosos lo definen “como un teléfono inalámbrico del barrio...” o como “una gran bola de nieve desplazándose por la ladera de la montaña.”

Es cuando los labios y lenguas, sin comprometerse, se mueven emitiendo palabras y frases como: “¿Ya saben lo que dicen por allí?....”; “Esto que te digo no lo cuentes, guárdatelo...”; “De buena fuente me dijeron que...”; “Quien está en capilla es perengano...”; “A mi no me gusta el chisme, pero me acabo de enterar que...”; “Yo no sé, verdad o mentira, pero lo cierto es que...”, etc. etc.

Para el Dr. Agenor González Valencia, el rumor “se despierta con el alba, deambula por las calles agazapado en las bocas sin escrúpulos, de quienes gozan íntimamente de la fiesta infernal del desprestigio gustoso. Toma el fresco en la banca de algún parque populoso, en busca de clientela oportuna; hojea revistas, para orejas, tensa la lengua, mientras espera el turno de corte de pelo en las peluquerías de baja o refinada elegancia; reserva sitio, espacio, silla y taza en las mesas de cafés más concurridos. Desgrana con soberbia altanería sus malintencionadas palabras que encuentran caja de resonancia entre el compacto círculo de simpatizantes que, forzados por la dicha de pasar el rato, aumentan con su comentarios, colas y cabezas a la infamante noticia del vulgar comunicador...”

La “ciencia” o habilidad para el rumor, ha sido usada en muchos momentos de la historia, a la manera de un "ruido social"; y se encuentra implícito dentro de los procesos de comunicación. No obstante, cuando es usado como un agente contaminante mezclando trozos de realidad con versiones exageradas inverosímiles, puede llegar a ser fatal. El rumor, en su naturaleza de manipulación, tiene el poder de socavar la confianza y la base social en torno a un asunto.

Una forma más normal de extender el rumor ha sido desde tiempos ancestrales el boca a boca, pero la modernidad y la Internet le han agregado elementos que lo vuelven todavía más efectivo y viral. En efecto, hoy por hoy, la Internet es una fuente y caldo de cultivo constante de rumor. Y la fuerza de éste, no solo daña al escogido sino a toda la sociedad. Es una práctica degradante, es sembrador de dudas, por que provoca incertidumbre y frustraciones.
Los especialistas sostienen que el rumor es el producto de la envidia, el rencor, la amargura o la malicia; y encuentra terreno propicio en quienes, por debilidad, indiferencia o cobardía, lo toleran, convirtiéndose en sus cómplices silenciosos.

El rumor desconoce la lealtad, la gratitud, la honestidad, la solidaridad y el respeto por el semejante.
Un sabio fue visitado por un amigo que se puso a hablar mal de otro amigo del sabio, y éste le dijo: “Después de tanto tiempo, me visitas para cometer ante mí tres delitos: primero, procurando que odie a una persona a la que amaba; segundo, preocupándome con tus avisos y haciéndome perder la serenidad; y tercero, acusándote a ti mismo de calumniador y malediciente”.
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COMENTARIOS DE NUESTROS LECTORES:
Luis – Córdoba -Argentina
Al principio me resultó insólita esta nota. Después, haciendo tripas – corazón, creo que es cierto. Hombres y mujeres (no sólo mujeres), somos ¡¡¡¡Chismosos!!!!
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CARLOS - Chaco -Argentina
Estuviste dura Mabel, muy DURA .......
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LUIS - SANTA FE -Argentina
Yo creo que cuando hablamos al p..do de otros lo unico que hacemos es transportarles a los demás nuestras propias culpas
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JAVIER - CAPITAL FEDERAL -Argentina
¡¡NO SE HAGAN LOS SANTULONES!! ¡¡TOOOOODOS SOMOS CHISMOSOS!!!!!!!!!!!!!!
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